Señor prefecto, querido Thomas Campeaux:

Señor presidente del Centro de Monumentos Nacionales, querido Philippe Bélaval,

Querido Joel Andrianomearisoa:

Damas y caballeros,

Queridos amigos:

 

Es un inmenso placer inaugurar aquí, entre vosotros, la primera obra del programa de apoyo a la creación artística Mundos nuevos. Todos conocéis esta convocatoria de proyectos y sus modalidades originales de apoyo a la concepción y posterior realización de obras artísticas.

Este método era inédito: es un programa que se concibió para que cada parte de los artistas, de su visión y de su sensibilidad, permitiéndoles crear según sus deseos, sus necesidades y el avance de su pensamiento, de su trabajo o de su inspiración. En una palabra, este programa ofrece a los artistas - solos o en colectivos - de dar rienda suelta a su imaginación, más allá de todas las clasificaciones habituales de disciplinas. Y luego les ofrece también el acompañamiento necesario para llevar a cabo su proyecto.

Con más de 3.200 proyectos presentados después de la primera convocatoria de manifestaciones de interés, me alegra constatar el interés que Mondes nouvelles ha suscitado entre artistas de todas las edades, procedencias y disciplinas...

Quiero destacar aquí el notable trabajo realizado por todos los miembros del comité artístico, bajo la coordinación de Bernard Blistène. Su experiencia y sus miradas apasionadas han sabido retener los proyectos más prometedores, asegurando una valiosa diversidad. Quiero darles las gracias tanto más cuanto que la crisis sanitaria no ha embotado en absoluto su compromiso; no ha hecho más que reforzar su pertinencia.

Queridos amigos, este momento es particularmente precioso y conmovedor, ya que la obra propuesta por Joël Andrianomearisoa es la primera concretización de estos mundos nuevos - que refuerzan el lugar de los artistas en el corazón de nuestros paisajes y de nuestros monumentos.

Esta obra, titulada Al ritmo de nuestros deseos, bailemos sobre la ola del tiempoes una orden poética de acción y movimiento. Las letras ya no están en el papel, pero se encuentran en un cara a cara - un cara a cara casi intimista - con el espectador. Establecen un diálogo singular con quien las observa. Porque esta obra monumental, estas once palabras inscritas en el metal - y cito a Bernard Blistene - se erigen «como un deseo inextinguible de establecer una relación con quienes los miran». Pero la dirección que se nos da, este apóstrofe de metal, es muy diferente de las tipografías gigantes que ríen habitualmente nuestras miradas, como tantas órdenes para consumir.

Aquí es una invitación llena de poesía, a la vez muy íntima y eminentemente visible, una forma de encaje y sin embargo monumental, una invitación tanto a la ensoñación como a la danza...

Joël Andrianomearisoa reinventa así el lugar de la obra de arte y la de las palabras del artista-poeta en la sociedad.

Y no es anodino que esta obra se presente al gran público en el marco de la apertura de la Ciudad Internacional de la Lengua Francesa. Esta concomitancia muestra la efervescencia artística del espacio francófono, del que usted, querido Joel Andrianomearisoa, es uno de los brillantes representantes. Y encarna la ambición que tenemos para los artistas en Francia, testigos a la vez de los cambios sociales, despertadores de conciencia y traficantes de sueños.

 

Le doy las gracias.