Claude Pinoteau acaba de dejarnos. Con él, el cine francés pierde a uno de sus más grandes realizadores, tan popular como exigente. Había inaugurado su carrera de director con Le Silencieux, una película de espionaje de una sorprendente maestría, llevada por un gran Lino Ventura. Primera película, primer éxito. Pero Claude Pinoteau había estado en buena escuela, haciendo sus clases de director, de atrezzo y luego asistente de algunos de los más grandes nombres del cine francés: Henri Verneuil , Philippe de Broca, Jean-Pierre Melville, Max Ophüls, Jean Cocteau...

De película en película, Claude Pinoteau se había impuesto como uno de los
directores más dotados de su generación, tanto en el
registro policial que en el de la comedia de costumbres, en el arte de
anudar y desenredar los hilos de las intrigas más jadeantes como
en el de hacer un retrato justo, divertido, lúcido y benévolo de
sus contemporáneos.

Claude Pinoteau también será recordado por millones de
Francés, y ciertamente no es el menor de sus méritos, como el
director de La Boum, deliciosa comedia, verdadero fenómeno
generacional, que reveló a un público más amplio el
la joven Sophie Marceau.