Con Michael Jackson, desaparece un artista excepcional cuya música, espectáculos y gracia personal han encantado al mundo entero y marcado a varias generaciones de admiradores.

Todos tenemos un Michael Jackson dentro de nosotros, en la medida en que cada una de sus apariciones artísticas causaba felicidad y placer. El hecho de que su vida haya sido objeto de polémicas y sufrimientos hacía su presencia aún más conmovedora. Al unirse a los mitos destrozados de la cultura estadounidense como Marilyn Monroe, James Dean o Elvis Presley, se lleva consigo el sueño imposible de la adolescencia perpetua.