Lanzada a principios de julio por Roselyne Bachelot-Narquin, ministra de Cultura, la operación «verano cultural» se basaba en un doble desafío: permitir a los artistas, debilitados por la crisis sanitaria, volver a conectar con los públicos en paralelo a la reapertura progresiva de los lugares culturales y ofrecer a los habitantes encuentros inéditos y excepcionales, por todo el territorio, en el Hexágono y los Ultramar.

 Esta operación se tradujo en la organización de más de 8.000 manifestaciones que movilizaron a 10.000 artistas y profesionales de la cultura. Más de un millón de personas han participado en este marco en encuentros, espectáculos, conciertos, visitas, talleres de lectura, escritura, creación, etc.

Este «verano cultural» ha permitido a un gran número de niños y jóvenes, y en primer lugar a los que viven en los barrios de la política de la ciudad y las zonas rurales, participar en un acontecimiento o ser protagonistas de un proyecto cultural. 

Gracias a la excepcional movilización de los artistas y del sector cultural en su conjunto y en asociación con numerosas colectividades territoriales, el «verano cultural» ha permitido ver surgir proyectos en todas las disciplinas (espectáculo vivo, cine, artes visuales, patrimonio, medios de comunicación, digital, libro, lectura, historietas, arquitectura, etc.). La operación, llevada a cabo en cada región por las direcciones regionales de asuntos culturales, contó también con la participación de los establecimientos con vocación nacional.  La Reunión de los museos nacionales - Gran Palacio organizó así «encuentros fortuitos», en forma de residencias itinerantes de artistas en bibliotecas; los Talleres Medici ofrecieron a más de 180 artistas ir al encuentro de los habitantes con el proyecto «Festival Transat» y el Establecimiento público del Parque y de la Grande Halle de la Villette ha organizado giras de artistas en más de 40 Micro-Folies.

Para permitir a nuestros conciudadanos más aislados participar en estas acciones, se han establecido asociaciones con asociaciones de solidaridad, cajas de subsidios familiares, EHPAD, estructuras de turismo social y solidario, establecimientos penitenciarios, hospitales, etc. Estos proyectos están pensados para todos, desde la primera infancia hasta las edades más avanzadas.  

 Este «verano cultural» fue también la ocasión de abordar o de percibir la Cultura de manera diferente y para los artistas y las estructuras culturales de reinventarse y de formular propuestas innovadoras, inéditas y desfasadas. 

 Para mantener esta formidable dinámica, Roselyne Bachelot-Narquin deseó que numerosos proyectos del «verano cultural» pudieran continuar hasta las vacaciones de Todos los Santos y que se pudieran estudiar nuevas iniciativas para el verano de 2021.