Con Hervé Télémaque desaparece uno de los artistas más originales de estas últimas décadas, cuyo estilo siempre renovado, decididamente actual desde la Figuración Narrativa de los años 1960 a sus lienzos más recientes, interrogaba a menudo con ironía la actualidad francesa.

Originario de Haití, Hervé Télémaque estudia en la Art Student’s League y descubre a finales de los años 1950 Arshile Gorky y el expresionismo abstracto americano en Nueva York. Impedido por el racismo ambiente, abandonó la ciudad en 1961 y encontró en París un nuevo puerto de origen. En un contexto descolonizador, es acogido por los surrealistas entre los cuales André Breton, que cree en su trabajo y le ayuda a encontrar primeras exposiciones, entre las cuales la inmensa «Mitologías cotidianas» en 1964.

Su influencia pop, su creatividad fascinan y participa en Francia en la aventura de la Figuración narrativa junto a artistas como Peter Klasen, Jacques Monory o Bernard Rancillac. En 1976, el Museo Nacional de Arte Moderno de la ciudad de París acoge la primera gran retrospectiva dedicada a su trabajo. Se descubre un vocabulario plástico singular, marcado por la influencia de los medios de comunicación, los cómics y la publicidad.

En más de sesenta años de carrera, Hervé Télémaque no ha dejado de interpelarnos por la riqueza y la diversidad de un trabajo en perpetuo movimiento. Naturalizado francés en 1985, vive en París, en Borgoña y luego en Villejuif. Sin embargo, la lejanía geográfica de Haití no empaña el profundo vínculo que mantiene con una isla cuyo eco de paisajes, vegetación, creencias impregna su pintura... A partir de los años 1990, marcan su obra que remite de manera creciente a la africanidad; puesto que esta herencia es también política, acepta en 1998 dibujar el sello de correos francés conmemorativo del 150 aniversario de la abolición de la esclavitud. El dibujo, su finura, su precisión son para él fundamentales y lo hace en 1991 un punto central de su año de enseñanza en las Bellas Artes. Así, hace dialogar, en composiciones ricas y siempre sorprendentes, dibujos, collages, ensamblajes y objetos inventados cuya dimensión poética ha sabido revelar.

Tanto en Francia como en el extranjero, su estilo tan particular cautiva la atención de los museos y del público. En La Habana, participó en 1986 en la II Bienal; en Johannesburgo, el Electrical workshop le dedicó una retrospectiva en 1997. Enriquecida por numerosos viajes a África, este diálogo constante con el mundo, contra el racismo, contra el cierre de los espíritus, se encuentra en particular en su famosa serie de pinturas al acrílico Aceras de África, realizada en 2001.

En París, el gran público encuentra al artista en 2014 y 2015 a través de una exposición sobre el Arte Haitiano en el Gran Palacio, y una gran retrospectiva de su obra en el Centro Pompidou. Este año, sus lienzos están expuestos en el Palais de la Porte Dorée - Museo Nacional de la Historia de la Inmigración para la exposición «París y en ningún otro lugar», donde sus valiosos consejos ayudaron al museo a recuperar el espíritu de la abundante escena artística de los años 60.

Hoy perdemos a un gran artista, que nos enseñó a descentrar la mirada explorando las formas y abriendo nuestros horizontes.

Expreso mis condolencias a su familia y a sus seres queridos.