Rima Abdul Malak se enteró con tristeza de la desaparición de Jacques Villeglé. 

Rinde homenaje a la memoria de este inmenso artista, figura central del nuevo realismo francés. Jacques Villeglé elevó la estética del cartel lacerado al rango de las obras más grandes. 

En 1949, en compañía de Raymond Hains, su amigo de la escuela de arte, recoge en el espacio público estas obras maestras imprevistas modeladas por el tiempo y manos desconocidas. Los estratos desgarrados de palabras, rostros y colores eran para él la expresión cruda del presente, entregada a la interpretación de cada uno para reparar poéticamente el azar.

A partir de 1969, inventa un «alfabeto sociopolítico» a partir de los signos urbanos vistos en las calles de París. En estas intervenciones murales, Villeglé reciclaba gustosamente refranes populares o citas de artistas de los que se sentía cercano, como Picabia o Marcel Duchamp o historiadores de arte como Élie Faure.

Había adquirido una estatura internacional, sus obras integrando las colecciones de los más grandes museos de arte contemporáneo como el MoMA de Nueva York. Su consagración en Francia se produce en 2008 con motivo de su retrospectiva La Comédie urbain bajo los auspicios de Alfred Pacquement y Sophie Duplaix. 

Este maestro del espacio público, sismógrafo de los ambientes urbanos, tenía una personalidad modesta y generosa.

Jacques Villeglé ha dejado su impronta y su influencia en generaciones de artistas, especialmente en el «street art» que reivindica con fuerza esta herencia. Colaboró así con O'Clock, Lek y Sowat para una intervención en la parte trasera del edificio de los buenos niños del Ministerio de Cultura.

Jacques Villeglé deja una obra importante, amplia y accesible, a la vez exigente y popular, llevada durante 25 años por la galería Georges-Philippe & Nathalie Vallois. 

Con la desaparición de Jacques Mahé de La Villeglé, dice Villeglé, es un pedazo de Historia que se realiza, la vida de un hombre apegado a su Bretaña natal, curioso de todo, accesible, cercano y cálido.

En 2009, en el muro de las Tullerías, Villeglé grafitaba, con su singular alfabeto: «Ser sorprendido es una felicidad». 

La ministra de Cultura presenta a su familia y a sus allegados sus más sinceras condolencias.