Señoras y señores ministros,
Señora Comisaria,
Señoras y señores diputados,
Señoras y señores:
Me alegra abrir este Foro de Chaillot ante la hermosa asamblea que formáis. Tantos artistas, actores, profesionales y responsables del mundo de la cultura venidos de todos los horizontes de la creación y de todos los países, unidos en torno a una misma ambición: volver a conectar con la causa de la cultura en Europa, promover la causa de los creadores, sin los cuales la cultura no tiene futuro. Porque Europa es cultura.

¿Hay un mejor lugar para hacerlo que el Palacio de Chaillot? En la fachada del Palacio - quizás los habéis visto al llegar - la República ha grabado las palabras de Paul VALERY. Llamaba al arte, a la cultura para regenerar Europa. «La idea de cultura, de inteligencia, de obras magistrales es para nosotros una relación muy antigua (...) con la idea de Europa. » escribió en 1919.
La arquitectura misma de este Palacio es oda a la cultura. Fue construido para el diálogo con los pueblos europeos.

Mucho antes de que la construcción comunitaria le diera un contenido político, Europa ya estaba allí, en las obras de sus grandes artistas.
Y precisamente porque ya existía esta sensibilidad común, la idea de una Europa unida pudo nacer y este sueño pudo penetrar en el corazón de los pueblos. Mientras celebramos el centenario de la Primera Guerra, que cambió las mentalidades y las estéticas, las reflexiones de los artistas que no sólo nos invitan a recordar, sino también a preguntarnos sobre el mundo tal como es, sobre la emancipación individual y la libertad.
Debemos volver a situar la emancipación subversiva y estimulante de la cultura en el centro del proyecto europeo.

Es en la cultura donde Europa encuentra su sentido, es a través de la cultura que deja de ser una construcción de especialistas para convertirse en una realidad vivida, sensible.

Esa es la Europa que habla a los europeos. De esa Europa estamos orgullosos. Esa es la Europa que se admira en el mundo. Es la Europa de los grandes museos y de las grandes exposiciones. Es la Europa de las multitudes que acuden cada verano a los festivales. Es la Europa de los creadores y de los artistas. Es Europa la que ha hecho de la cultura una resistencia contra la crisis, un modelo de sociedad, un valor fundacional.

En esta Europa, se puede hacer renacer una ciudad gracias al arte. Bilbao ha mostrado el camino, haciendo de un museo de arte contemporáneo la palanca de su resurrección. En Francia, pensemos en Lens y su Louvre, pensemos en Metz y en su Centro Pompidou, pensemos en Marsella, donde el MUCEM no ha dejado de trabajar desde su inauguración.

Cada vez, la asistencia a estos nuevos lugares superó las previsiones más optimistas. Estos éxitos nos dicen que, frente a las dificultades, mientras la sociedad se fragmenta y reina la tentación del repliegue y a veces del extremismo, la cultura une, la cultura libera. A este respecto, las redes europeas, que federan las instituciones, los profesionales y las asociaciones, desempeñan un papel crucial para la circulación de las ideas y de los hombres. Para hacer atravesar el territorio europeo reflexiones comunes y variadas.

Es en la crisis donde la cultura es más necesaria que nunca. No debe ser una variable de ajuste. Debemos tener cuidado de no debilitar su delicado ecosistema con decisiones a corto plazo.
La cultura crea actividad. La cultura crea empleo. El sector de la cultura y las industrias creativas es una fuerza en la economía europea. La Comisión Europea, querida Androulla Vassiliou, ha calculado que produce el 3,3 % del PIB de la Unión, más que la industria automovilística o la agricultura, y que ocupa el 3 % del empleo total en Europa: 6,7 millones de personas trabajan allí, 670.000 en Francia según el reciente informe de las inspecciones de cultura y finanzas.

La cultura es un sector dinámico, orientado hacia el riesgo, la audacia y la creación, un sector cuya necesidad de innovación arrastra muchos otros sectores. Es un terreno de invención. Hay que fomentar este dinamismo. Porque la economía material está en el centro de la vitalidad europea recuperada.
Así se hará de la cultura un motor para el crecimiento europeo.
Preservar una industria cultural en Europa no es sólo una cuestión económica. Las obras del espíritu no son mercancías como las demás; son el alma de una civilización. Dan su idea de la belleza; reflejan valores, tradiciones, una historia y las maneras de subvertirlos; dicen sus sueños y sus ansiedades.
Cuando Francia habla de excepción cultural, eso es lo que quiere decir. No defiende a los artistas franceses como si fueran excepcionales. No quiere obtener un trato excepcional para una industria nacional. Lucha para que todas las expresiones culturales puedan existir, para que todos los artistas puedan crear, para que todas las lenguas puedan encontrar florecer y para que todos los pueblos puedan expresarse.
En nombre de la libre competencia, en nombre de una visión banalizada de los bienes culturales, algunos quieren poner esto en entredicho. Pero es entonces la diversidad cultural lo que ponen en peligro, porque, aplicado indiscriminadamente a la cultura, el laissez-faire es el otro nombre de la uniformización. Para evitar esto, hemos defendido la retirada de la cultura y del audiovisual del ámbito del Tratado bilateral Europa-Estados Unidos.
Incluso en el seno de las instituciones europeas, esta posición no era evidente para todos. Hubo que pedirla, luchar por obtenerla. Como si Europa hubiera olvidado lo que la había hecho. Como si su unidad pudiera hacerse negando su diversidad. ¿Nos imaginamos realmente que así es como se van a acallar las dudas que la construcción europea suscita ya demasiado entre los pueblos que les parece muy lejana? 

En este contexto, a medida que se acercan las elecciones europeas y los electores europeos se disponen a renovar el Parlamento, ha llegado el momento de que la Unión Europea reconozca por fin la cultura como un elemento central de las políticas que lleva a cabo.

Las industrias culturales de Europa se enfrentan al mayor reto al que se han enfrentado desde la invención de la imprenta - el reto de lo digital.
No nos equivoquemos, este desafío es ante todo una oportunidad: lo digital hace accesibles como nunca las obras del presente y del pasado, acerca a los artistas a su público, ha hecho surgir en todo el mundo una formidable ola de libertad - incluso desde el punto de vista democrático - de creatividad, de intercambios. Pero la revolución digital es también un nuevo mundo que se abre donde las viejas reglas ya no tienen sentido. Un mundo donde las obras ya no son obras sino paquetes de datos que se llaman «contenidos». Un mundo dominado por gigantes económicos con los que los Estados deben tratar.

Para nosotros, los europeos, apegados a la diversidad cultural y a la vitalidad de la creación, es nuestra responsabilidad que lo digital sea esa oportunidad formidable que se da a todas las culturas del mundo y a todos los pueblos para expresarse y existir. Es nuestra responsabilidad que Europa conserve allí su voz, que es la voz múltiple de sus creadores.

Tener una estrategia europea para la cultura en la era digital es defender la excepción cultural en las políticas comunitarias con el mismo vigor que en las negociaciones internacionales:
- Esto debe ser cierto en la regulación del mercado interior: para las obras del espíritu, la razón de ser de la política europea es la diversidad cultural, no el laissez-faire ni la libre competencia;
- Esto debe ser cierto también en materia de armonización fiscal: Europa debe combatir las prácticas de optimización fiscal y favorecer la equidad entre los países de la Unión; debe promover una fiscalidad que fomente el desarrollo y la ampliación de la oferta digital europea; debe luchar contra las distorsiones fiscales de los bienes y servicios culturales según sean físicos o digitales

Tener una estrategia europea para la cultura en la era digital significa reafirmar el carácter insustituible del derecho de autor para remunerar a los creadores, y es trabajar para garantizar su aplicación en los nuevos usos.

Tener una estrategia europea para la cultura en la era digital significa apoyar la creación europea y permitirle adaptarse a la transición digital.

Tener una estrategia europea para la cultura en la era digital significa por fin facilitar la emergencia de actores europeos de talla mundial. Hoy, los principales actores de la economía digital no son europeos. Pero para desafiar su hegemonía, es necesario que Europa pueda alinear a sus propios campeones.

Estos son los principios que deben guiar la acción de Europa en el ámbito de la cultura.
Sólo depende de nosotros hacer realidad esa gran ambición, convirtiéndola en una de las prioridades del programa de trabajo de la nueva Comisión.

Señoras y señores:
Durante siglos, la evidencia de una cultura europea ha reunido las mejores inteligencias y los mejores talentos del continente en un magnífico diálogo. Hoy está abierto a escala mundial.
Hoy nuestra identidad cultural está en juego, ¿sabremos inventar esta «política cultural común» que apoyará las industrias creativas europeas y hará que la excepción cultural entre en la era digital? Pero sobre todo sabremos hacer vivir el bello ideal europeo en el corazón de nuestros ciudadanos europeos. La cultura es el terreno de una ciudadanía entusiasta, un orgullo que no es nacional, sino una tierra de acogida, de intercambios y de diálogo.
Eso es lo que nos piden los creadores y artistas de todo el mundo. Ustedes son hoy sus representantes. Francia está a vuestro lado en esta lucha, para que viva la creación y la cultura en Europa y en todo el mundo, para que viva la diversidad cultural y viva Europa.

Os agradezco vuestra presencia y vuestro compromiso.