Marsella, viernes 16 de noviembre

Señor Presidente, estimado Jacques Pfister,

Señores elegidos y representantes de las colectividades,

Señor representante de la Unión Europea,

Señoras y señores artistas, responsables de estructuras culturales y actores de la sociedad civil,

Señoras y señores empresarios,

señor prefecto, señor rector de academia, señor director regional de asuntos culturales,

Señor Director General, querido Jean François Chougnet, y a través de usted, todo el equipo de Marsella-Provenza 2013,

El señor Bernard Latarjet y todos vosotros, queridos amigos que os habéis comprometido juntos a llevar esta gran ambición.

Con motivo de esta presentación del programa de Marsella Provenza 2013 Capital Europea de la Cultura, en primer lugar quiero saludarle y agradecerle calurosamente todo el trabajo realizado, porque podemos decir, a pocas semanas de su apertura, y ya en la atmósfera de los trece dulces tentadores, mencionados por el Presidente Jacques Pfister, que estamos allí.

Sin pretender repetir la exégesis de este programa, quisiera insistir en algunos puntos fuertes que nos interesan especialmente. 

En primer lugar, se trata de un proyecto de ambición europea.

El sello de Capital Europea de la Cultura fue creado en 1985 por iniciativa de Melina Mercouri y Jack Lang, para contribuir al acercamiento de los pueblos europeos mediante el conocimiento de su cultura respectiva y para fundar así una ciudadanía europea.

Hoy, el sello demuestra más que nunca su interés por reforzar la imagen de dinamismo y creatividad de las metrópolis regionales en Europa, por situar el arte y la cultura en el centro del desarrollo sostenible y por implicar a los habitantes y al público en este evento.

Pero este sello tiene también un significado particular, en un momento en que la cultura y el arte parecen más indispensables que nunca, tanto en la búsqueda de sentido colectivo como como como motor de transformación de sociedades enfrentadas a la grave crisis que atravesamos. Porque la Europa que deseamos no se hará sin la cultura y la cultura necesita a Europa. 

Luego se trata de un proyecto cultural para un proyecto de territorio.

La candidatura de Marsella Provenza como Capital Europea de la Cultura nació a principios de 2004 por iniciativa de la Ciudad de Marsella. Se trataba de federar un territorio en torno a un fuerte proyecto cultural. Hoy en día, este proyecto reúne un centenar de municipios o agrupaciones que van de Arles a La Ciotat pasando por Aix-en-Provence y Marsella, es decir, cerca de dos millones de habitantes. Es decir, la dimensión territorial está en el centro de la identidad del proyecto cultural y de su programación: recorridos temáticos, manifestaciones itinerantes o simultáneas en varios lugares, arte en el espacio público e incluso excursiones.

Desde Glasgow 1990, el sello de «Capital Europea de la Cultura» acompaña a territorios en mutación. Este foco, puesto sobre una ciudad y su región durante un año, permite a los artistas y a los actores culturales inscribir su acción en el corazón del desarrollo urbano pero también, aquí, en los territorios rurales. Es la ocasión de hacer trabajar a unos y otros juntos, hasta los actores políticos y económicos, con el fin de federarse para producir una manifestación fuera de lo normal.

Esta regeneración urbana estimula la radiación y el atractivo de la ciudad. Más fundamentalmente, es la fuerza motriz del encuentro entre la creación artística y los habitantes, no solo como espectadores sino como participantes en la ejecución de este proyecto.

Se basa en grandes inversiones.

El Ministerio de Cultura y Comunicación apoya desde hace tiempo las iniciativas artísticas y culturales en la región, ya sea mediante su contribución a las asociaciones entre entes públicos, su función de asesoramiento y de peritaje o su política en favor de un ordenamiento cultural equilibrado, incluso en los territorios más alejados de esta oferta. En este terreno de múltiples acciones, Marseille Provence 2013 ha podido apoyarse, para diseñar y ejecutar su programación de unas 500 manifestaciones. Los representantes territoriales electos conocen bien estos retos y pueden contribuir a ellos para fomentar los enfoques estructurantes y de carácter perenne. Pienso, por ejemplo, en proyectos que me interesan, porque se refieren a la educación artística, llevados a cabo por iniciativa de la DRAC y del Rectorado en el territorio de las dos metrópolis de la Academia de Aix-Marsella.

El Estado intervino participando de manera significativa, y en una lógica interministerial, en el presupuesto de actividad del año capital. Lo hace al lado de un compromiso muy fuerte del conjunto de los entes territoriales implicados y de las empresas que, con un mecenazgo consecuente que conviene saludar, aportan su contribución esencial a estos proyectos de desarrollo.

En materia de inversiones, el Estado ha cofinanciado las infraestructuras necesarias para estas manifestaciones, ya que se inscriben en una dinámica duradera. Varios logros importantes acompañan la transformación de Marsella. Son emblemáticas y confiadas a grandes firmas arquitectónicas internacionales: el MuCEM (Museo de las Civilizaciones de Europa y del Mediterráneo), la Villa Mediterránea, el Fondo Regional de Arte Contemporáneo Provenza-Alpes-Costa Azul, la renovación de la Friche la Belle de Mai, la semipeatonalización del Puerto Viejo... Además de estas inversiones directas, se movilizaron fondos importantes para restauraciones (Teatro antiguo de Arles), construcciones de nuevos edificios o renovaciones (edén Théâtre à la Ciotat).

Marsella Provenza: encrucijada de culturas, portador de futuro.

Mezcla de culturas, disciplinas artísticas y terruños, las producciones híbridas preparadas por la capital se anclan en la tierra de Provenza. Dejarán huellas, en el espacio y en las mentes para crear una dinámica que permita a Marsella-Provenza revelar sus talentos y ofrecer a Francia la ciudad-mundo del mañana.

No voy a citar todas las manifestaciones innovadoras que reflejan la creatividad de estas ciudades y territorios de Provenza. Comenzando por los programas estructurantes: como los Talleres del Euromediterráneo, el programa de los Nuevos Patrocinadores con la Fundación de Francia o las acciones de las comunidades virtuales y de participaciones ciudadanas. El programa infinitamente variado de exposiciones, festivales y momentos fuertes, que marcan este año momentos populares y exigentes, en la diversidad de las estéticas y de las prácticas, todos excepcionales, auguran un devenir cultural siempre en debate y en movimiento.

El Año Capital Europea de la Cultura es, en este sentido, una oportunidad porque constituye un punto de partida, más aún que una culminación. Por eso, al venir aquí para este saque de partida, he querido establecer, con nuestros socios, los retos para el futuro, y ello desde la perspectiva estratégica iniciada por el Primer Ministro para la aglomeración. Es esencial que construyamos, juntos, las condiciones posteriores a 2013 de Marsella-Provenza para fijar las líneas de fuerza de esta estructuración sostenible.

Marsella y la Provenza se reconocen así a la vez como una inmensa metrópoli, enfrentada a los desafíos vinculados a la globalización y a la crisis urbana, pero también como una puerta abierta hacia el Mediterráneo, por su historia, su tradición de acogida, su actividad portuaria, sus vínculos con los países del sur y su extrema diversidad cultural. A partir de esta experiencia, única en la historia de una ciudad, estos territorios pueden aceptar este desafío y construir, a largo plazo, una política cultural verdaderamente concertada, totalmente orientada hacia sus poblaciones y la valorización de esta dimensión euro-mediterránea.

En este sentido, la cultura será uno de los motores de esta transformación, pero también contribuirá a hacerla más fuerte y más útil también para todos nuestros conciudadanos.