Hoy lamento la partida del gran fotógrafo de guerra estadounidense Stanley Greene que compartió su vida entre las tierras de conflicto, de las que fue testigo incansable, y Francia, su país de adopción.

Con un inmenso talento de narrador y un sentido plástico que hacían inolvidables sus imágenes, Stanley Greene se comprometió muy pronto a dar cuenta del sufrimiento de las poblaciones en las zonas de guerra.  Su capacidad para sumergirse en su época, observarla e interrogarla le permitió ser el testigo privilegiado de la historia, especialmente en Chechenia y en Afganistán, pero también durante el huracán Katrina. Su clarividencia, su empatía y su conciencia de la importancia de los acontecimientos le confieren una emoción que le ha valido un reconocimiento internacional.

En Francia, el Ministerio de Cultura se dedicó a acompañarlo en algunos de sus reportajes, como la "ruta de la seda" que se convirtió para él en la ruta de la droga, cuyas pruebas se conservan en las colecciones públicas. En 2013, Stanley Greene participó en los Encuentros fotográficos de Arles con motivo de una «Conversación fotográfica» con estudiantes de la Escuela Nacional Superior de Fotografía; también fue un habitual del festival Visa para la imagen de Perpiñán, que le otorgó en 2016 una Visa de Oro por toda su carrera como fotoperiodista.

Deja atrás el recuerdo de un hombre cálido, capaz de penetrar lo íntimo y superar lo indecible. Con su humildad y su humanidad, supo borrarse para no tratar de prescribir, sino más bien describir lo que el mundo y nuestro paso en su seno nos enseñan.

Expreso mi más sentido pésame a su familia y a sus seres queridos.