Es una gran dama del teatro, en su dimensión más universal, que nos ha dejado.

Fundadora del Living Theatre con Julian Beck, Judith Malina marcó profundamente la segunda parte del 20e siglo hasta estos últimos años, a ambos lados del Atlántico, con una compañía de actores que sabían decir colectivamente el poder del teatro, reivindicar su capacidad de cuestionar las conciencias y de interrogar al mundo.

El Living Theatre habrá representado una vanguardia, pero también la valentía de afirmar una utopía salvadora que interpelará las escenas europeas y americanas, y que sabrá también asociar a los espectadores en una gestión de participación activa.

Con él se ha construido con el tiempo una red de amistad y de trabajo. El Living Theatre llevó las palabras de Artaud, Cocteau o Genet, recibió el apoyo solidario de artistas como Sartre o Montand en sus luchas universalistas por la libertad. Estos intercambios se habrán alimentado de momentos memorables en el festival de Aviñón, en 1968 primero, por invitación de Jean Vilar para el espectáculo Paradise Now, luego en 1999 por invitación de Alain Crombecque y de la Academia Experimental de los Teatros, y en 2013 finalmente, en el marco del tiempo fuerte Elogio del Desorden y la Maestríaorganizado por Stanislas Nordey y Michelle Kokosowski.

Judith Malina también había mostrado su atención a las cuestiones de transmisión, en una de sus últimas apariciones en París en junio de 2012 con la compañía Motus en el Théâtre de la Ville, mientras que Stanislas Nordey había hecho oír las palabras y el pensamiento del Living Theatre con los alumnos de la escuela del TNB.

Sigue siendo el símbolo de ese espíritu de libertad y de ese aliento necesario de un teatro comprometido que busca siempre reinventar sus gestos, afirmándose sin cesar como un acto político.

Doy mi más sentido pésame a su familia.