Omar Sharif acaba de dejarnos. Tenía 83 años.
Los inicios de Omar Sharif deben mucho al gran cineasta egipcio Youssef Chahine, que supo muy pronto discernir todo lo que el talento de este joven tenía de prometedor haciéndole actuar en dos de sus películas: Cielo de infierno y Las aguas negras.
Otro gran cineasta, David Lean, le ofreció los papeles que lo convirtieron en un actor de proyección internacional, también con dos películas - películas míticas: Lawrence de Arabia y El doctor Jivago.
Omar Sharif era un actor con poder de seducción llamativo, conmovedor, encantador y romántico, tanto en la vida como en los escenarios.
Después de haber participado en más de sesenta películas junto, entre otras, a Catherine Deneuve, Jean-Paul Belmondo o Anthony Quinn, se había ido alejando poco a poco, para disgusto del público, de las cámaras.
Cada una de sus raras reapariciones en los platós nos daba la oportunidad de encontrar al gran actor que conocíamos y amábamos.
León de Oro en el festival de Venecia en 2003 por el conjunto de su carrera, César al mejor actor en 2004 por Monsieur Ibrahim y las flores del Corán de François Dupeyron, este amante de Francia, que estaba en su casa en todo el mundo, era en nuestro país el símbolo de una generación de actores de leyenda, amados por todos.
Expreso mis condolencias a su familia y familiares.
París, 10 de julio de 2015