Felicito calurosamente a todos los ganadores de este 68e Festival de Cannes presidido por Joel y Ethan Cohen. 

Me siento especialmente feliz y orgullosa de que la Palma de Oro haya sido concedida a Jacques Audiard, 6 años después del Gran Premio del Jurado otorgado al magnífico Un profeta. Con Dheepansu séptima película, Jacques Audiard, muestra la fuerza del amor y de la esperanza ante la violencia del mundo. A través de historias ásperas y profundamente contemporáneas, sus películas oscuras con héroes luminosos dan un alcance universal a la mirada singular de un autor.

Estoy convencida de que esta película llegará a un público tan amplio como ha llegado al jurado.

Este palmarés que honra el cine francés también está iluminado por el talento de dos grandes actores, Emmanuelle Bercot, premio de interpretación femenina ex-æquo por su papel en Mi Rey de Maïwenn, y Vincent Lindon, premio de interpretación masculina por su papel en La Ley del Mercadode Stéphane Brizé.

Con la Palma de Oro de honor atribuida a Agnès Varda, que recompensa una obra original por la gracia conmovedora y el compromiso inquebrantable, pero también con los premios otorgados a Arnaud Desplechin y a Deniz Gamze Ergüven en el marco de la Quincena de los Realizadores, las diferentes selecciones de este 68e Festival han sido, una vez más, una hermosa ilustración de la vitalidad y la riqueza del cine francés. También han demostrado la fuerza de su proyección, incluso a través de los grandes autores internacionales que sabe descubrir y acompañar. Esta fuerza se debe, ante todo, al talento de nuestros realizadores, de nuestros actores, actrices, técnicos, productores... - a todos los que lo inventan día tras día.

Pero la vitalidad de nuestro cine es también el fruto de un sistema de financiación ideado por Jean Zay, a quien la República se dispone a rendir homenaje. Este sistema nos es envidiado en todo el mundo; demuestra más que nunca su modernidad y su eficacia. Sin él, sin la perennidad de nuestro sistema de derechos de autor, el cine francés no sería uno de los muy raros que disfrutarían de una verdadera audiencia internacional.

También este año Cannes fue un reflejo del mundo, de su dureza y de sus dificultades. Pero el cine que ha mostrado, con su potencia evocadora y su creatividad, traduce también la fuerza de la humanidad para esperar y superar su condición.

 

París, 24 de mayo de 2015