A los 70 años, Gerard Mortier dejó este mundo.

La Ópera y el Teatro pierden uno de sus más grandes Directores, de los que dan forma a las instituciones, revelan los talentos y los ensamblan para hacer surgir la belleza, sin temor a chocar a veces pero siempre al servicio de una idea. 

De Bruselas a Salzburgo, del Ruhr a Madrid, Gerard Mortier imprimió su marca, habló todas las lenguas de Europa, acompañado por artistas, directores, coreógrafos, músicos, cantantes, bailarines.

De nacionalidad belga y europea de corazón, políglota realizado, prosélito a la curiosidad infatigable del encuentro de culturas, estilos y generaciones de artistas, Gerard Mortier ha estado íntimamente asociado a los momentos más estructurantes de la Ópera Nacional de París: Primero fue uno de los artesanos valiosos de los éxitos de la era Rolf Liebermann de 1979 a 1981 antes de tomar, dos décadas más tarde, la dirección general del establecimiento de 2004 a 2009. Llevando a cabo una política artística exigente y coronada de éxito, fue entonces cuando programó la producción de Tristán e Isolda ilustrada por videos de Bill Viola que se reanudará próximamente. 

Su atención al conjunto de los equipos, sus eminentes talentos de desbrozador, su compromiso burbujeante y su perseverancia están aún en todas las memorias de una casa que habrá sabido hacer entrar en el siglo XXI.

Deseo rendir homenaje no sólo al director visionario, a su gusto por el descubrimiento y a su amor por la escena, sino también al hombre, a sus fulgurancias creativas y a su generosidad. Expreso mi más sentido pésame a sus seres queridos y a todos aquellos que se hayan cruzado en su camino.