A los 91 años, el director Alain Resnais acaba de dejarnos.

Con profunda emoción me entero de la muerte de este gran artista.

Alain Resnais, que había obtenido un Oscar por su cortometraje Van Gogh, en 1950, había inaugurado su carrera de realizador de largometrajes de ficción con un verdadero golpe de esplendor: Hiroshima mi amoruna obra maestra sobre la memoria, que narraba a la vez lo íntimo y la universalidad y que marcó un verdadero giro en el arte de filmar y contar.

Le debemos muchas películas que pertenecen desde hace tiempo a la historia de nuestro cine, e incluso a la historia, si se piensa que fue el director de Noche y Nieblaque se impuso rápidamente como una referencia para comprender el drama de la deportación durante la segunda guerra mundial.

Muchos otros grandes logros quedarán en nuestra memoria: El año pasado en Marienbad, Muriel, La guerra ha terminado, Stavisky, Providencia que obtuvo dos César -mejor película y mejor director- así como Smoking/No smokingpero también Ya sabemos la canciónCésar a la mejor película, Les Herbes folles Premio excepcional del Festival de Cannes 2009...

Su obra hizo irradiar el cine francés por todo el mundo.

Las películas de Alain Resnais, sin conceder nunca nada al aire del tiempo, tuvieron casi siempre la felicidad de encontrar tanto el favor del público como el de la crítica, como a través del jurado de la última Berlinale que saludaron su última formidable realización Amar, beber y cantarun premio de la crítica y el premio Alfred Bauer creado en memoria del fundador del festival, y que recompensa cada año una película que abre nuevas perspectivas...

Dirijo mis pensamientos más calurosos y respetuosos a su compañera Sabine Azéma, así como a su productor Jean-Louis Livi, así como a sus talentosos actores como André Dussollier, a quien Alain Resnais dirigía tan inteligentemente, y que también en la Berlinale, dirigía con sus compañeros de juego una canción a Alain Resnais, para el deleite del público.

Alain Resnais era un artista profundamente apasionado por el deseo de contar historias cinematográficas, como la que estaba escribiendo y que debía titularse Llegada y Salida. Trabajaba en las más diversas direcciones. Nos cautivaba, nos conmovía, nos divertía también la fantasía de comedias verdaderamente asombrosas. Todos los caminos le eran buenos, con tal de que lograra hacer comprender mejor al hombre, y hacérnoslo comprender.