En París, 4 de abril de 2014

Ahora que Europa va a renovar su Parlamento y su Comisión, queremos llamar la atención de los ciudadanos, de los dirigentes políticos y de las instancias europeas.
Si muchos de nuestros conciudadanos ya no creen en la idea europea, estamos convencidos de que la renovación y la esperanza pasan, en particular, por la cultura y la creación.
La cultura, en toda su diversidad, es lo que nos une. Es sin duda nuestra especificidad y ciertamente nuestro bien común. Contribuye a dar forma y construir esta Europa, consolida su identidad y alimenta su dinamismo económico.
Durante siglos, nuestro continente ha sido una tierra de creación, donde prosperan la creatividad, la diversidad y la originalidad.
Pero hoy se permite la duda: ¿se hace todo para que Europa siga siendo esta tierra de libertad y vitalidad de la creación?
La crisis económica, política y moral que atravesamos amenaza la ambición cultural de nuestro continente.
En demasiados países, la cultura ha sido una de las primeras víctimas de las restricciones presupuestarias.
Ahora bien, los artistas y creadores aportan una contribución fundamental a los valores de las sociedades europeas y a su economía. La cultura representa una parte importante de la riqueza europea y crea empleo; es una fuente de cohesión para nuestras sociedades y es capaz de construir la identidad europea. Hay que apoyar y fomentar la asunción de riesgos, el compromiso y la libertad del gesto artístico.
Con el fin de defender la excepción cultural y pedir la estricta aplicación de la Convención de la UNESCO sobre la protección y la promoción de la diversidad de las expresiones culturales de 2005, el año pasado hicimos oír nuestras voces en el proyecto de negociaciones comerciales entre la Unión Europea y los EstadosUnidos. Porque creemos en el futuro de la creación europea, porque estamos más que comprometidos con que el público pueda seguir teniendo acceso a nuestras obras.
La cultura en Europa es fuerte por sus diferencias, por la diversidad de sus expresiones, de sus lenguas. Ahora bien, existe el riesgo de que esta diversidad sea puesta en tela de juicio por políticas europeas siempre sospechosas con respecto a las políticas culturales y demasiado a menudo complacientes y pasivas con respecto a las multinacionales de Internet.
La revolución digital es una oportunidad para la cultura. La cultura es también una oportunidad para el digital porque las obras del espíritu son un combustible y un oxígeno indispensables. Estamos convencidos de ello. Con la condición, sin embargo, de que no sea confiscada por empresas en situación de monopolio y de que existan reglas del juego en Europa para mantener dos principios permanentes del apoyo a la creación: las emisoras contribuyen a la financiación de la creación; los bienes y servicios culturales se benefician de una fiscalidad específica y reducida.
Es un reto crucial de modernización de nuestras políticas culturales integrar a todos los difusores, y en particular a estos gigantes de Internet, en la economía de la creación. Es también un reto de equidad entre el conjunto de los difusores de obras culturales y un desafío para el futuro.
En este contexto:
• esperamos que la Comisión Europea conceda todo su espacio a una relación renovada y confiada entre Europa y la creación
Esperamos de los responsables europeos que se comprometan a promover de manera voluntarista la cultura y las obras, porque son un activo para nuestro continente y un resorte esencial del proyecto europeo;
•    esperamos que la Unión Europea se comprometa a apoyar la diversidad de creaciones y expresiones culturales en la hora digital, para garantizar que todos los actores de la cultura; los artistas y el público europeo puedan beneficiarse plenamente de las oportunidades que ofrece la revolución digital;
• esperamos que se haga todo lo posible para que nuestro continente siga siendo tierra de acogida para la creación y la asunción de riesgos; para ello, los creadores deben poder seguir disfrutando de un alto nivel de protección de sus derechos.
Deseamos que la política europea haga de la conquista de nuevos públicos y de la democratización cultural una prioridad, con el fin de construir un verdadero espacio europeo de creación y de cultura que asocie plenamente a los creadores y a los ciudadanos.
Firmantes: Keren Ann, Lucas Belvaux, Pablo Berger, Julie Bertucelli, John Boorman, Fred Breinersdorfer, Peter Brook, Jean-Claude Carrière, Marc Cerrone, Boris Charmatz, Stijn Coninx, Vladimir Cosma, Luc Dendarrieu, Jacob Desva, Dominique, Yves Duteil, Thomas Dutronc, Jacques Fansten, Stephen Frears, Costa-Gavras, Jochen Greve, Agnès Jaoui, Jean-Michel Jarre, Michel Jonasz, Issam Krimi, La Grande Lunsophie, Maxime Le Forestier, Les Brigitte, Larsdsi, Machieff, Daniele, Lars White, Machieff, Radu Mihaileanu, Passi, Benoît Peeters, Jean-Paul Salomé, Jordi Savall, Vokler Schlöndorff, Eric Serra, Hugh Stoddart, Béla Tarr, Bertrand Tavernier, Joachim Trier, Enrique Urbizu, Jaco Van Dormael...