Con casi 90 años, Jean-Bertrand Pontalis habrá abrazado un siglo de psicoanálisis. Con él desaparece uno de los últimos discípulos de Lacan y de Sartre, un espíritu tan erudito como creativo, que tenía su lugar en las altas esferas del psicoanálisis, de la filósofa y de la literatura.

Como ensayista, acababa de terminar «Avant, Paris», una conmovedora pregunta, por desgracia premonitoria, sobre el tiempo y la «necesidad de la nostalgia». Su tiempo lo había llenado bien, creando o dirigiendo cantidades de obras de referencia, revistas y colecciones, como su famoso «Vocabulario del psicoanálisis» publicado en 1967, la Nueva revista de psicoanálisis o la colección «Uno y el otro» de Gallimard.

En 2011, el gran premio de literatura de la Academia francesa había colmado a este amante de las letras, que dejaba penetrar en sus bellas novelas el secreto de lo que era realmente: un hombre de apertura, de escucha y de ironía benévola. Numerosos son sus lectores y sus antiguos alumnos: los de los liceos de Niza, Orleans y Alejandría, como los de la Escuela práctica de los altos estudios, que lo lloran hoy.