Con Henri Dutilleux perdemos a uno de los más grandes compositores de nuestro tiempo. El 22 de enero de 2013, había tenido la alegría de celebrar sus 97 años con la publicación el mismo día del álbum «Correspondencias», una obra creada diez años antes y que nunca había grabado.

Durante su vida fue el compositor más popular del mundo. Sus metáboles, su concierto para violonchelo, su cuarteto de cuerdas, en particular, habían tenido desde su creación un gran éxito entre los aficionados de todos los países. También había compuesto, con gran alegría, para grandes intérpretes como Rostropovich o Anne-Sophie Mutter.

Sin conceder nada a las exigencias de sus investigaciones, y practicando la atonalidad, Henri Dutilleux aparecía también de entrada a sus oyentes como un clásico de donde sin duda este favor del público melómano, nunca desmentida. La novedad, la modernidad de la música de este músico del siglo no implicaban ninguna voluntad de tabla rasa. En esto era, en el mejor sentido de la palabra, y un poco como un Debussy, un verdadero creador, tanto más inventivo cuanto que no pretendía romper con la tradición. Henri Dutilleux sabía que la novedad no venía de la nada. Sus obras, profundamente originales, aportan también ese sentimiento de evidencia que es la marca de los mayores éxitos. Y la de las obras que durarán.