Es un gran artista que se apaga. Un gran acordeonista. Un hombre que ha dedicado su vida a la música, y hace bailar toda Francia con las melodías de su acordeón. André Verchuren nos dejó anoche con un título que llevaba de maravilla: era el rey del acordeón.

André Verchuren toca el acordeón a la edad de cuatro años. Dos años más tarde, actuó en su primer baile y, a los doce años, su talento fue recompensado con una Copa del Mundo. Apenas salido de la infancia, André Verchuren ya era famoso. Pero sobre todo estaba habitado por la pasión de la música y de su instrumento.

Prolífico y popular, fue uno de los primeros acordeonistas de su generación. Su música hace bailar los bailes musette, y todavía se oye con deleite su dúo con Yvette Horner en el entrelazado «Fiancés de l'Auvergne».

André Verchuren nos dejó cientos de grabaciones. También deja el recuerdo de un hombre que le gustaba recorrer Francia para descubrir sus pueblos, sus ciudades, los públicos. Como todos esos trovadores excepcionales, en el escenario comunicaba a todos la felicidad de estar allí.

André Verchuren es también la historia de un hombre que atravesó este siglo con valentía. Durante la segunda guerra mundial entró en la Resistencia. En junio de 1944 fue arrestado por la Gestapo y deportado a Dachau.

André Verchuren era un hombre generoso, un hombre comprometido, que en estas dolorosas circunstancias supo mostrar toda la fuerza y la nobleza de su carácter. El hombre valía al artista.