Francia ha tomado la iniciativa para defender el respeto de la excepción cultural en el proyecto de acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos, respeto que debe traducirse, en particular, en la exclusión del conjunto del sector audiovisual del mandato de negociación.

Algunos creyeron que Francia estaba librando una batalla solitaria. Se equivocan. Francia no es la única que defiende la necesidad de conceder un lugar excepcional a la cultura. A iniciativa de la ministra de Cultura y Comunicación, Aurélie Filippetti, una mayoría de ministros de cultura europeos se unieron a los esfuerzos de Francia, firmando una carta dirigida a la Presidencia irlandesa de la Unión y a la Comisión Europea. El texto ha sido firmado por los Ministros de Cultura de Alemania, Austria, Bélgica, Bulgaria, Chipre, España, Hungría, Italia, Polonia, Portugal, Rumanía, Eslovenia y Eslovaquia.

Con esta carta, catorce Estados europeos, representantes de una gran mayoría de la población de la Unión, piden por medio de sus ministros de cultura, y sin ambigüedades, que: «se mantenga plenamente la posición constantemente reafirmada de la Unión, que siempre ha excluido, tanto en el seno de la Organización Mundial del Comercio como en las negociaciones bilaterales, los servicios audiovisuales de cualquier compromiso de liberalización comercial. (...) Es toda una política de la Unión y de sus Estados miembros la que se vería comprometida si no se garantizara la exclusión que pedimos (...) Más en general, lo mismo ocurre con nuestra capacidad de elegir y hacer vivir nuestras legislaciones y reglamentaciones frente a las evoluciones tecnológicas y económicas. »

Con estos apoyos, la ministra de Cultura y Comunicación hará valer firmemente estas posiciones el viernes 17 de mayo en la reunión de los ministros de cultura europeos, que abordarán la cuestión del acuerdo de libre comercio con Estados Unidos.

Este enfoque se inscribe en plena coherencia con la presentación del informe sobre el acto II de la excepción cultural el 13 de mayo de 2013: frente a las evoluciones inducidas por el desarrollo de lo digital, debemos adaptar nuestras políticas culturales y construir nuevas herramientas. Paralelamente al esfuerzo emprendido a nivel nacional, Francia desea también preservar la capacidad de la Unión Europea para adaptar sus políticas a la evolución numérica. Eso es lo que está en juego con la exclusión solicitada con nuestros socios. Está en juego el interés general europeo.

Los cineastas lo han comprendido bien y han publicado una petición en línea que ya ha recogido cinco mil firmas, entre las que figuran los más grandes nombres del cine europeo. El lunes 20 de mayo, en el Palais des Festivals de Cannes, la Ministra de Cultura y Comunicación organizará un coloquio sobre el tema «Reforzar la excepción cultural en la Europa del mañana» con participantes europeos y americanos de todos los horizontes, para que el mundo de la cultura y del cine sea escuchado.

El Parlamento Europeo también se ha ocupado del tema: la Comisión de Comercio Internacional ha adoptado recientemente una resolución sobre el proyecto de acuerdo de libre comercio, que también pide sin ambigüedades el pleno respeto de la excepción cultural.

Estas tomas de posición son la expresión de una expectativa muy fuerte de los ciudadanos de la Unión.