Señor Ministro, Querido Abderraouf El Basti, Señoras y Señores Embajadores, Señores Presidentes y Directores Generales,

Me alegra particularmente encontrarme aquí entre vosotros. Es la primera vez, desde que soy ministro de Cultura y Comunicación, que me veo obligado a hablar ante un público tan amplio en Túnez. Y todos saben aquí el interés que siento por el país que me acoge hoy, esa larga amistad que me une a la mayoría de vosotros, artistas, realizadores, productores, hombres de medios tunecinos.
Y me alegra poder abrir esta primera edición de las jornadas audiovisuales de Túnez porque este coloquio, único en su género, toca un reto importante para Túnez y para Francia: el lugar del audiovisual en nuestras sociedades, la importancia de nuestros intercambios en un ámbito marcado por la revolución digital e Internet.
Concedo mucha importancia a estos días y quisiera dar las gracias desde ahora a la Embajada de Francia en Túnez por esta feliz iniciativa y, por su apoyo sin fisuras, a los ministros tunecinos de Cultura y de Salvaguardia del Patrimonio y de la Comunicación, mis colegas y amigos Abderraouf El Basti y Osama Romdhani.
También quiero saludar, por su eficaz contribución, a Dora Bouchoucha, Presidenta de esta XXIII edición de las Jornadas Cinematográficas de Cartago, de las que todos conocen aquí, como lo demuestra la bellísima programación de este festival, el compromiso en favor del diálogo de las culturas y de los cines del mundo. También quiero dar las gracias a todos los participantes y, en particular, a los dos animadores de estos encuentros, dos personalidades que tienen un conocimiento íntimo del mundo audiovisual, pero también de los vínculos entre Túnez y Francia, el gran periodista, hombre de letras y director Serge Moati, bien conocido por nuestros amigos tunecinos, y Frédéric Martel, periodista y sociólogo, que ha publicado este año un análisis muy estimulante del estado del mundo de los medios de comunicación.
Estos días van a permitir a cada uno de vosotros, a los profesionales hoy, al gran público mañana, abordar una serie de cuestiones que me parecen particularmente pertinentes, tanto para cada uno de nuestros dos países, la amplitud y la calidad de la relación entre Túnez y Francia.
1- El primer reto es la importancia de los intercambios audiovisuales entre nuestros dos países. Como Ministro de la República Francesa, estoy naturalmente atento a que la cultura de mi país pueda ser accesible en todo el mundo. Porque creo en la calidad y en la vitalidad de la creación francesa, sobre todo en el ámbito del cine, y en la especificidad de la mirada sobre el mundo de los medios de comunicación franceses. Por eso es importante que las cadenas francesas puedan seguir recibiendo en Túnez, y por eso me felicito de la próxima llegada de un nuevo ramo satelital, el de Canal Overseas. Agradezco a las autoridades tunecinas su apoyo.
Pero estoy igualmente comprometido con la acogida en Francia de las culturas extranjeras y, muy especialmente, de la cultura tunecina. Francia tiene una larga tradición de apertura y acogida de las culturas del mundo, y soy particularmente sensible a que la cultura tunecina sea acogida en Francia como vosotros acogís aquí, en Túnez, la cultura de mi país. Hace algunos años, creo que contribuí a dar a conocer mejor Túnez en Francia cuando era comisario de la Temporada tunecina. Hoy, como Ministro, procuro que la cultura tunecina siga aportando a los franceses la riqueza de su diversidad y creatividad y la pertinencia de su mirada, ilustradas sobre todo hoy por la renovación de su cine. Es para honrar a un gran talento, pero también a Túnez, que el ministro de Asuntos Exteriores y Europeos, Bernard Kouchner, y yo mismo hemos nombrado a Dora Bouchoucha, Presidenta del Fondo Sur. Todos saben aquí que este fondo desempeña un papel importante en la eclosión de nuevos talentos, en la afirmación de los cines del mundo. Es porque creo en este diálogo entre nuestras culturas que me ha parecido esencial organizar, el verano pasado en París, el primer festival de música oriental en el que Túnez estuvo tan maravillosamente representada. Y deseo que nuestros medios de comunicación reflejen la creatividad tunecina, la diversidad de un país que cada uno, en Francia, debe conocer mejor.
Este diálogo entre nuestras culturas me parece tanto más evidente y necesario cuanto que compartimos una misma lengua, el francés, que, estoy convencido, sólo se vive en común.
2- El segundo reto es el digital. Es una oportunidad que debemos aprovechar. En Francia, el Gran Préstamo lanzado por el Presidente de la República nos permitirá no dejar pasar esta oportunidad de apertura que nos ofrece la última de las grandes revoluciones tecnológicas. El cambio digital ofrece oportunidades extraordinarias para promover un mejor conocimiento de sí mismo, de nuestra propia cultura, de nuestro patrimonio, pero también una mayor apertura al otro. Quiero saludar aquí el trabajo notable que ha realizado en Francia el Instituto Nacional del Audiovisual en favor de la digitalización y de la puesta a disposición de nuestro patrimonio televisivo, donde la emoción, el recuerdo y los saberes se mezclan en el timbre de las voces y el grano de las imágenes. En este sentido, acojo con satisfacción los estrechos vínculos que mantiene esta institución con sus socios tunecinos. Porque esta memoria digital, debemos compartirla. Debe ser accesible a todos nosotros, a ambos lados del Mediterráneo.
[Esta memoria común es, en particular, las noticias de la televisión francesa que traza la historia de Túnez de 1940 a 1946: estoy particularmente feliz de que hoy le demos una copia de este fondo que ha sido digitalizado por el INA. Constituye la memoria de un pasado común que compartimos.