Señores Presidentes y Directores Generales,

Todos recordamos esta regla de sentido común que una vez fuimos
que se enseña en la escuela: «No separar la forma del fondo». Sé bien que es
poetas que, como Alfred de MUSSET, se preguntan: No importa el frasco, provisto
que se beba? »... Pero por una parte, no estoy seguro de que la «embriaguez» sea
realmente el objetivo que debemos buscar frente a la revolución digital, y
creo que los nuevos medios de comunicación deben más bien invitarnos a
«razón mantener» y reflexionar lo más serenamente posible sobre lo que está en juego.
Por otra parte, estoy convencido de que en este ámbito es más importante que en cualquier
Los demás, no solo «no separar la forma del fondo» - los «contenedores»
(o lo que se llama tan poéticamente los «tubos») de los contenidos que
pero que se trata de encontrar entre ellos, en una relación
dialéctica, el mejor equilibrio posible.
En 10 años, la revolución digital - y en particular Internet - tiene por completo
ha cambiado nuestro entorno, ha cambiado nuestras prácticas culturales y
hábitos de pensar y de crear. Este cambio es claramente una oportunidad
extraordinario para la difusión y la transmisión de nuestro patrimonio. Es
también un formidable vector de creación, para cada uno de nosotros y en todos
ámbitos, desde la música hasta el cine, pasando por las artes plásticas, la
literatura o juegos de video.
Pero, por supuesto, estos nuevos recursos también representan un desafío para todos los
actores de las industrias culturales, que deben adaptarse a los nuevos modelos
económicos que inducen. La abundancia creativa que hace posible Internet
debe tener como corolario una regulación que garantice el respeto de los derechos de autor y
de la propiedad intelectual y garantiza la sostenibilidad de la financiación de la creación.
Por esta razón, la «década digital» que acaba también nos ha obligado a
modernizar y reinventar constantemente nuestra regulación. La última ilustración
fecha - y una de las más emblemáticas - es el decreto sobre los Servicios de
medios audiovisuales a la carta, los «Smad», por el que hacemos obra de
Derecho, bajo la atenta mirada de nuestros vecinos europeos.
Este es el primer punto que quiero exponer ante ustedes.
La llegada de estos nuevos Servicios a petición exigía adaptar nuestro
reglamentación audiovisual. La Ley de 5 de marzo de 2009 permitió la entrada de
servicios en el ámbito de los agentes que contribuyen a la financiación de la producción
de obras francesas y europeas.
Con el fin de preparar su aplicación de una manera realista y adecuada, nosotros
hemos puesto en marcha, como saben, una consulta pública para recoger la opinión
profesionales. Después de recibirlos y escucharlos, finalizamos
en la actualidad este proyecto de decreto, que permitirá encontrar un equilibrio
entre el crecimiento del mercado emergente del Vídeo a la Demanda, y la
contribución de estos nuevos servicios a la creación y conservación de
su diversidad.
La aprobación de este texto refleja la culminación de un largo camino
política que comenzó hace ya varios años con la negociación de
la Directiva sobre los servicios de medios audiovisuales de 11 de diciembre de 2007,
que modificaba la de la Televisión Sin Fronteras (TVSF).
En aquella ocasión, las autoridades francesas habían luchado durante mucho tiempo,
antes de que nuestros socios se unan a esta causa, para que
se tengan en cuenta los nuevos servicios audiovisuales a la carta
en el ámbito de la normativa comunitaria.
¿Qué estaba en juego? Permitir que los nuevos servicios audiovisuales
que se apliquen, con las adaptaciones necesarias, los principios y
normas que han permitido a las cadenas de televisión seguir ofreciendo,
en las pantallas, una parte sustancial de obras europeas y francesas,
y no solo estadounidenses, y contribuir activamente a la
desarrollo de la industria audiovisual y cinematográfica. Es
efecto la condición primera para que nuestros creadores puedan continuar
expresarse, y que nuestra sociedad conserve su propia mirada sobre sí misma
dentro del nuevo universo digital.
El objetivo de la regulación de los Smad es ante todo cultural: se trata
fomentar la renovación de la creación audiovisual francesa y
asegurar la radiación.
Junto a los poderes públicos, todos los participantes en este nuevo mercado
deben contribuir a esta ambición común. Sólo esta amplia adhesión
evitará los riesgos que pesan hoy sobre la regulación de
servicios de medios a la demanda: deslocalización y competencia
desleal de operadores no regulados.
Para no obstaculizar el desarrollo de estos nuevos servicios, tres
grandes principios nos han guiado en la elaboración de este dispositivo:
En primer lugar, la consideración del modelo económico de estos servicios,
incluidos los servicios de vídeo a la carta remunerados por el acto. Es
se trata de desarrollar esta oferta para que sea lo más amplia posible
accesible, y que el atractivo de la oferta legal contribuye a hacer retroceder los
prácticas de descarga ilegal.
Esto implica, en particular, evitar que se desarrollen prácticas
de exclusividad. Para ello, convenía distinguir las modalidades de la
contribución a la producción según el tipo de servicio propuesto. En esto es
claro que los servicios de VoD por suscripción, teniendo en cuenta su
situación competitiva diferente de VoD al acto, deben ser objeto
de un tratamiento específico.
Pero al final, se trata de apoyar la creación, y asegurar una buena
exposición a las obras europeas y de expresión francesa, prendas de
diversidad y la radiación.
El segundo principio es la consideración del carácter emergente de estos
nuevos servicios, que invita a aplicar normas menos restrictivas
que para la televisión, y que se fije un umbral de volumen de negocios por encima del cual
solo se producirán obligaciones de producción. Esto permite
a los operadores que anticipen su entrada en este régimen.
Por último, el tercer principio es la preocupación por la simplicidad y la legibilidad de las normas.
Mientras que la complejidad del Derecho audiovisual es objeto de críticas de
cada vez más vivas, no era imaginable, para estos nuevos servicios,
crear un dispositivo complicado, que habría previsto múltiples
categorías y exenciones.
La aprobación de este texto se ha retrasado un poco, en particular debido a la
concertación profunda que ha presidido su elaboración. Deseo que
este dispositivo entrará en vigor el 1 de enero de 2011. Nos referimos al
publicar antes de la primavera de 2010, teniendo en cuenta, evidentemente, los
organismos cuyo dictamen se solicita: el Consejo Superior de
el Audiovisual, el Consejo de Estado y la Comisión Europea.
Este decreto, como decía, constituye un primer paso. Pero se inscribe en
una reflexión más amplia y permanente sobre cómo podemos
desarrollar los servicios culturales en línea, y adaptar nuestro
regulación: pienso, en particular, en la movilización en torno al
IVA reducido para los bienes culturales en línea. También pienso, más
ampliamente, a la problemática de la neutralidad de la red, y este es el segundo
punto que quisiera abordar aquí.
2º PUNTO: NEUTRALIDAD DE LA RED
Esta cuestión de la neutralidad de la red es compleja y hace, lo sé, el objeto
importantes debates; el de hoy contribuye a ello.
Este concepto significa, en su máxima aceptación, que todas las
datos se transportan y procesan (en Internet) de forma
indiferenciada, desde su punto de origen hasta su destino final».
Esta cuestión de la discriminación de los contenidos transmitidos en Internet -
dependiendo de su naturaleza, fuente o destino - surgió en un
contexto preciso. El de un consumo exponencial de contenidos en
Internet, que genera un tráfico muy importante en las redes y que requiere
para que los operadores inviertan masivamente en sus infraestructuras y
en la calidad de su servicio.
Este debate sobre la neutralidad de Internet plantea numerosas preguntas de
de la sociedad, que interesan muy directamente al sector de la
comunicación:
Cómo garantizar el acceso de todos a todos los contenidos, especialmente
en las redes, de manera transparente y no
discriminación? Cómo garantizar el pluralismo y la libertad de información
y comunicación?
Cómo conciliar el respeto de los derechos de autor con esta posibilidad de
poder acceder a cualquier contenido?
Cómo asegurar el desarrollo de Internet permitiendo a cada
eslabón de la cadena de valor - operadores, proveedores de contenidos y
servicios - desarrollar un modelo de negocio que garantice su
desarrollo sostenible? Se plantea aquí en particular la cuestión del
financiación de la creación, a la que presto especial atención.
Estas preguntas son tan esenciales como las del mundo
las telecomunicaciones, aunque hasta ahora han sido menos
tomadas en consideración.
El debate fue objeto de varias consultas, la última de las cuales
por el Organismo Regulador de las Comunicaciones Electrónicas
puestos - ARCEP - , siempre está abierto.
Sin embargo, también me parece esencial que los retos relativos a
sean también ampliamente tenidos en cuenta, ya que
evidentemente, repito, indisociables de las redes gracias a las cuales
pueden circular.
Uno de los principales desafíos es la lucha contra la piratería. Teniendo en cuenta
ambigüedades que a veces existen en las formulaciones de algunos
defensores de la «neutralidad de Internet», no está de más subrayar
que las libertades garantizadas al consumidor lo son, evidentemente,
a reserva de un acceso lícito a contenidos igualmente lícitos.
El segundo reto es el de la regulación de los servicios audiovisuales, y
una competencia no falseada entre los agentes.
El uso creciente de Internet para transmitir programas en vídeo,
relacionado con el auge de los televisores conectados puede ser fuente de distorsión
de competencia perjudicial para quienes hoy contribuyen a financiar la
creación. Debemos ser conscientes de ello.
Hay que reflexionar también sobre las consecuencias del fenómeno de
desintermediación en la cadena de valor audiovisual. Porque el ascenso
en potencia de los terminales conectados, combinado con una «neutralidad» muy
exigente en términos de calidad de servicio de vídeo en Internet, podría
impulsar a los diferentes actores a operar directamente en la red para
liberarse del actor que le precede en la cadena.
En resumen, es todo el canal audiovisual que podría encontrarse
desequilibrada y, tras ella, los principios virtuosos de solidaridad
financiera que se encontrarían en entredicho.
Por lo tanto, hay mucho en juego para las industrias de contenidos
aún no examinados. Les invito hoy a tomar todo
la parte que le corresponde en las reflexiones y consultas en curso. Nos
reflexionemos también sobre estas cuestiones en el marco de la misión
confiada a Dominique RICHARD sobre «El audiovisual en 2015».
Para terminar, me alegro de que este coloquio sea la ocasión de una
debate tan rico como profundo, sobre el balance de esta primera
«década digital», pero también, por supuesto, sobre el futuro de la
creación en la era de Internet, y sobre todos los desafíos que nos plantea la
revolución digital.
Un número cada vez mayor de creadores y consumidores
elección de Internet, debemos ofrecer más que una protección
legislativa: ingresos adicionales para los primeros, gracias a
la exploración y la invención de nuevas fuentes de remuneración, y
los segundos, una oferta legal más atractiva de contenidos culturales, y bajo
nuevas formas. Es la condición misma del pleno ejercicio de la
libertad creativa en la era digital.
A las cuestiones que nos preocupan, parece claro que no hay
solución única, pero un conjunto articulado de medidas, proyectos y
de iniciativas. Su multiplicación y complementariedad crearán un
de espíritu nuevo, y permitirán hacer de Internet el vector privilegiado de
difusión de la cultura, a la vez atractiva para sus usuarios y respetuosa
de los creadores.
Comparto con ustedes este deseo: conjugamos el potencial de lo digital y
de Internet con nuestros propios recursos,
imaginación, capacidad de innovación, pero también voluntad política.
Sepamos encontrar el mejor equilibrio posible entre la libertad y la
regulación, pero también entre «la forma y el fondo», entre la lógica de
redes y la exigencia de contenidos culturales.
Le doy las gracias.