Discurso de Frédéric Mitterrand, Ministro de Cultura y Comunicación, con motivo de la firma de los acuerdos interprofesionales entre las cadenas de la televisión digital terrestre, del cable y del satélite, los productores audiovisuales y los autores, concluido, rue de Valois, este jueves 22 de octubre de 2009

Damas y caballeros,
Gracias por su presencia.

Hay símbolos que hablan, que marcan.

Observo que las firmas de acuerdos entre los autores, los
productores y canales de TDT, cable y satélite, que tienen
lugar hoy se celebra, exactamente un año, día por día, después
la de acuerdos con cadenas analógicas.

Y es también el día de la publicación, en el diario oficial, del decreto relativo a las cadenas analógicas.
El 22 de octubre es una fecha fetiche para la creación audiovisual.
Me alegra particularmente acogeros porque sabéis la importancia que concedo a la celebración de acuerdos interprofesionales con las cadenas de la TDT que forman parte del futuro digital de la televisión.
Había llegado a ser necesario revisar el decreto de 2001 relativo a esas personas.

En efecto, estas cadenas de la TDT tienen éxitos de audiencia; son, por tanto, motores del crecimiento económico y, por consiguiente, también están llamadas a dar mañana un nuevo impulso a la creación audiovisual, junto a las llamadas cadenas históricas.

Quisiera encomiar el papel de David Kessler y Dominique Richard, que por sus conocidas cualidades han hecho posible la negociación de este acuerdo. No fue fácil. Los mediadores la acompañaron con eficacia. Se lo agradezco mucho.

Y, por supuesto, deseo subrayar la ejemplaridad de esta negociación: todos los productores, todos los autores y todos los difusores, más allá de sus diferencias, se hablaron, intercambiaron su posición de manera franca, pero siempre constructiva.

La sabiduría de todos tiene como resultado acuerdos equilibrados que tienen en cuenta las fragilidades económicas de los difusores de la TDT, que no hay que subestimar a pesar de su dinamismo. Pero traducen también una ambición en materia de diversidad cultural y de creación a la que estoy particularmente apegado, como ya he tenido ocasión de decir, especialmente en Lussas para el documental, y en La Rochelle para la ficción.

En efecto, estos acuerdos instauran ahora para las cadenas firmantes obligaciones de encargos de obras patrimoniales, es decir, de ficción, de documental, de animación, de vídeos y de espectáculos vivos.

La crisis económica que no perdona al sector audiovisual suscita temores y temores sobre la vitalidad de nuestra producción de obras audiovisuales. Estas preocupaciones, que escucho con atención, son legítimas. El interés de acuerdos como los que firman hoy es abrir una verdadera perspectiva de desarrollo de la
producción de obras patrimoniales para los próximos años.

Por mi parte, tengo grandes esperanzas en el futuro de la creación francesa. Los espectadores estarán, siempre, en la cita que les dé la creación televisiva a condición de que sea innovadora y de calidad, ya que debemos afrontar juntos el desafío de la renovación del público de la televisión.

La innovación, la imaginación, la inventiva, es el antídoto a la crisis. La creación continua de un patrimonio audiovisual es la fuerza de todos los actores del sector audiovisual francés. Este es, al menos, el objetivo que me propongo alcanzar, y creed bien que pondré en ello toda mi fuerza, mi voluntad y mi energía.

Con esta firma, se cierra un ciclo de refundición del contrato de creación audiovisual que une a autores, productores y emisoras, con el advenimiento de la televisión digital.