Señor director de la Cinemateca, querido Serge ToubianaMesdames et Señores:

Hace 100 años nació Jean-Pierre Philippe Salomons, descendiente deslumbrante
de una familia de artistas y de amantes de la escena. Hace 10 años aquel que
tomó el nombre artístico de Jean-Pierre Aumont.

Doble aniversario para esta figura radiante y seductora del cine,
que fue también un héroe de la Francia Libre y de la lucha contra el ocupante.
El que había rodado con Cocteau, Carné, Duvivier, el que fue a
el cartel de películas míticas como La máquina infernal (1934), Maria
Chapdelaine (1934) o Hôtel du Nord (1938), el que volvió con
Magdalena Barrault o Jean Gabin, tuvo una carrera internacional demasiado
desconocido. Era guapo, atractivo, seductor: toda joven nacida antes
1920 lugar Jean-Pierre Aumont en su panteón amoroso, junto
de la otra «prometida» del cine que fue Danièle Darrieux. Fue de la
templos de los iconos del cine con la parte de sueño y mitología que
los rodean.

Antes de encarnar en 1973 un seductor extravagante, playboy de la vieja
escuela», en esta noche americana en forma de himno cómplice y
de homenaje al cine, su vida de actor es la de un largo día
Gira teatral con Gene Kelly,
Jack Conway o Spencer Tracy. Su carrera a ambos lados de
el Atlántico firma el trágico de la existencia al mismo tiempo que el
irradiación de este actor que tenía todo de un caballero cruzando la vida
con heroísmo sin parecer tocarlo, sin creerlo.

Como Fritz Lang, el que había dejado una Europa librada al yugo nazi y a
la política racial, el que fue un resistente comprometido y un combatiente de la
Libertad, encontró el camino de la creación en el país de Jefferson, al que conoció
en 1994 - ironía de la historia - en una película de James Ivory junto a
Nick Nolte. El más americano de los seductores franceses supo interpretar los papeles
de jóvenes primeros decididos y optimistas. También supo traducir la
melancolía teñida de diversión, acampando el cardenal de Rohan en el Si
Versalles me contaba de Guitry. Supo también ser una estrella del pequeño
pantalla, de los Caballeros del cielo en los años 60 al conde de Monte-
Cristo de Josée Dayan, más recientemente. Aquel que fue el príncipe encantador
del cine» fue también un maravilloso actor de la madurez, icono pasado
en las películas que rodó con Boisset, Lelouch o
Chabrol. Después de haber creado el papel en el teatro (1976), fue «el hijo»,
tan encantador y tan melancólico, en Días enteros en
los árboles de Margarita Duras,

Su personalidad y su compañía eran exquisitas, todas de bondad
desapegado, de cortesía, de reserva distinguida. Una estrella no se apaga
nunca: ella esparce su halo de luz y su aura en el tiempo largo de
la vida de artista. El que frecuentó a Gene Kelly, Hedy Lamarr o Vivian
Leigh fue una traducción del «sueño americano». Fue también la expresión de
el poder magnético de la pantalla y del cine de la edad de oro, el que
forja las estrellas y las estrellas a las que el actor de Jean de la Lune (1931)
- su primera película - estaba casi predestinada.