Señor Presidente de la Sociedad Civil de los Autores Multimedia (SCAM),querido Guy Seligmann,

La verdad documental es la verdad del cine
: arte de hacer aparecer lo que nadie había percibido, expresión de la
relación particular que une a un cineasta al mundo, no el mundo tal como
es, pero como siempre debe ser, desde el principio, como se
ve, como se ve. En este sentido, el cine documental es un uso
del mundo, el ejercicio de una mirada hecha gesto, y las películas resultantes
son, por tanto, los que nos miran». Así es como la crítica de
cine Patrick Leboutte, profesor en Bruselas, define el documental.

Esta es la concepción que vosotros defendís, lo sé, con exigencia y
perseverancia.

Las sociedades de recaudación y distribución de derechos de autor están en
efecto las vigías de la creación, las guardianas de esta memoria, sin
que la Cultura sería puro entretenimiento y la Creación audiovisual
una industria sin valor añadido. Discutir, recoger, repartir los derechos
patrimoniales, negociar los derechos futuros - los de presentación como
los de reproducción - esta es su lucha diaria, es su
batalla diaria. Desde hace 30 años, lo sé, la Sociedad Civil de los Autores
Multimedia (SCAM) trabaja sin descanso para la preservación de
culturales y su diversidad en el ámbito de
el sector audiovisual.

Creada bajo el impulso de Charles Brabant, cumple una doble misión
una misión - esencial- de gestión y reparto de los derechos de
representación y reproducción de las obras de sus miembros,
preserva y defiende los intereses con vigilancia; pero también una misión de
promoción de las obras radiofónicas, televisivas y de ayuda a la creación.

Habiendo sido yo mismo administrador de la SCAM, sé hasta qué punto estos
tareas son complejas en un universo ahora digital, en un
entorno marcado por la generalización de internet. Rico en 28.000
realizadores, entrevistadores, escritores, traductores, periodistas,
videógrafos, fotógrafos, la SCAM está en primera fila en esta batalla de
la creación y la lucha en favor de la diversidad cultural, junto con
otros organismos profesionales, en apoyo del Consejo Superior de la
propiedad intelectual y artística (CSPLA), sin olvidar los retos de
solidaridad en relación con la seguridad social de los autores.

La SCAM celebró oportunamente hoy sus 30 años organizando un
coloquio con el título deliciosamente travieso: «Autores de vista». Será
dedicado al lugar del autor en la sociedad actual: la digitalización de
el conjunto del sector de los medios de comunicación altera los contornos
tradicionales nociones de obra y de autor. Los sitios de información
contributivos o software para volver a trabajar sonidos e imágenes
requieren una mayor atención en torno a estos temas, y la integridad de los
obras. Toda la acción que realizo para garantizar los
autores y creadores - pienso en particular en la ley Hadopi - en este
nuevo contexto está en consonancia con los objetivos perseguidos a largo plazo
fecha por la SCAM.

En este contexto de profunda transformación, he deseado que
reflexión se compromete en el lugar del documental en la nueva oferta de
contenidos y programas. El documental es la nobleza de la
televisión, es un género importante que permite ofrecer una mirada y una
inteligencia del mundo. El documental se basa en la misión
de información, educación y apertura de los medios de comunicación
Audiovisuales, misión a la que sé que estáis muy apegados.

Con el desarrollo de una oferta en primera parte de la noche sobre
canales de televisión - especialmente en el servicio público - pero también con
la aparición de documentales «encarnados», o también con la multiplicación
de docu-ficción, el documental de creación sigue siendo en lo esencial
difundido en horarios tardíos, en número limitado y a menudo en
cadenas sin medios financieros reales. Por eso he querido confiar
a Catherine Lamour, Serge Gordey, Jacques Perrin y Carlos Pinsky, una
misión de estudio y reflexión sobre el documental de creación. Esta
deberá examinar, en particular, las condiciones de producción,
condiciones de financiación de la escritura, sino también sobre los retos de
difusión en el momento en que aparecen nuevos soportes, pero también de
nuevos servicios - televisión de recuperación, vídeo a la carta. En este
nuevo paisaje, creo necesario refundir las relaciones entre
autores, productores y difusores.

En el momento de la revolución digital, en el momento de esta «sociedad de
pantallas» donde la noción de autor es interrogada cuando no es todo
simplemente negado o pasado por alto - debido a la posibilidad de
duplicar y reproducir contenidos audiovisuales - creo necesario
recordar los derechos imprescriptibles e irreductibles de los autores. Este
defensa del derecho de autor, lo llevo a Bruselas ante nuestros
socios europeos y en mis desplazamientos. Esta
precisamente lo que he recordado ante los grandes actores de Internet a
la ocasión del G8 de Internet, evocando las responsabilidades compartidas
y sus deberes para con los creadores
imágenes y sonidos. Debido a su presencia global, su
responsabilidad debe ser equitativa y compartida. Está en juego el futuro y el
renovación de la creación, está en juego la diversidad cultural,
«modelo cultural» que no es obsoleto ni está desfasado, pero que tiene todo su
pertinencia mientras florecen las producciones uniformizadas,
estandarizadas, por no decir asépticas. Este modelo consiste en
precisamente a defender una determinada idea de la imagen y del audiovisual en
Europa hoy. Este modelo nos reúne a la vez que
nos obliga tanto la revolución de los formatos es también una revolución del derecho
y los derechos, que debe recibir toda nuestra atención. Sé que eres
plenamente conscientes; sabed que en este punto mi ministerio y mis
servicios están muy movilizados.

Por lo tanto, quiero dar las gracias a Guy Seligmann, Presidente de la SCAM, por su
incansable dedicación a la causa de los autores y a los desafíos colectivos de
la sociedad que anima con pasión, inteligencia y vigilancia. Quiero
gracias por haberme dado la oportunidad de expresarme ante vosotros,
lleva esta exigencia de autenticidad y de creación por mi actividad pasada
de director y mis producciones audiovisuales.

30 años es la edad de la madurez y de los primeros balances, es también la edad
de todas las posibilidades para una sociedad de autores que sé que es
puesto en el centro de los desafíos de la nueva economía de los medios, una
sociedad cuya capacidad para identificar las obras, para protegerlas,
sino también a promover los jóvenes autores y las mejores escrituras,
las que no registran lo real pero revelan un ojo, un punto de vista,
en otras palabras, lo que el Festival de Cannes denomina
cierta mirada».