Querido Pierre Barillet:

La risa de la farsa medieval antes de la de Rabelais, la de las bromas populares de los mimos de Esparta antes incluso de Aristófanes, las sátiras de la Antigüedad, mordiendo de Feydeau o de Labiche, pasando por la Commedia dell'arte, o a dos pasos de aquí a la Comedia Francesa, siempre ha estado en el corazón de la creación teatral. El teatro del entretenimiento, llamado «de boulevard», donde las situaciones más rocambolescas señalan los vicios humanos con inteligencia, sigue dándonos a ver un espejo de las costumbres y de nuestros defectos. La alegría nunca excluye la profundidad. Vuestro nombre se inscribe en esta larga y noble tradición.

Duetistas de comedias, la historia cuenta: Meilhac et Halévy, de Flers et Caillavet, Pierre Barillet y Jean-Pierre Grédy. Juntos habéis escrito una treintena de obras que, para muchos de ellos, se han convertido en clásicos del teatro de bulevar. Patrocinado en sus inicios por Jean Cocteau que relee lo que usted llama sus «elucubraciones y sus «garabatos» en crítica entusiasta y exigente, usted que soñaba con escribir dramas, como muchos talentos cómicos y no de los menos, Es en la comedia satírica en la que sobresales y triunfas. Hacer feliz al espectador mientras lo lleva a la reflexión sobre la evolución de las costumbres, esta es la receta de su fama.

Su primera obra, escrita sin espíritu de seriedad, con Jean-Pierre Grédy que se destinaba más bien al cine, Le Don d'Adèle, en 1949, será el primero de una larga lista de éxitos que ganará más tarde con su cómplice. Louis Aragon y Elsa Triolet, después de ver su pieza, entusiastas, le harán una bonita publicidad en Les Lettres françaises: «Le Don d'Adèle liquida definitivamente sus cuentas a la familia burguesa».

Observador fino, al acecho de los hechos sociales más sintomáticos, acecha tanto el racismo de algunos franceses con La Reina Blanca en 1952, como el museo machista en Potiche, inspirado por el chiste de Bernadette Chirac a la hora de la instalación de Jacques Chirac en el Ayuntamiento de París: «¡Que no se confíe en mí para desempeñar el papel de potiche! ». La obra, que está llena, fue montada en Estados Unidos por el productor de James Bond, Harry Saltzman, con Angela Lansbury, la legendaria «Miss Arabesques» en el papel principal. Todos recordamos a Loca Amanda, con Jacqueline Maillan; o de Flor de Cactus, poniendo en escena una soltera floreciente a mil leguas de la solterona frustrada, papel compuesto para Sophie Maredests, que acaba de dejarnos y que habrá encarnado también, con Jacqueline Maillan, tus personajes más emblemáticos.

Flor de cactus también cruzará el Atlántico, con Lauren Bacall como intérprete en el escenario de Broadway, luego Ingrid Bergman en Hollywood, en una adaptación cinematográfica firmada Gene Saks. En los Estados Unidos, donde sus vodeviles son muy apreciados, Milton Katselas ofrecerá una adaptación de Cuarenta quilates en 1973 con Liv Ullmann en el papel de Jacqueline Gauthier en los escenarios franceses.

En 2009 después de Ocho mujeres, François Ozon le pide adaptar Potiche, co-escrita con Grédy en 1980. Con una Catherine Deneuve transfigurada y un Luchini inolvidable, Ozon saca de su obra una sátira de las costumbres tanto como de la vida política local tan exitosa como la original. El éxito de esta adaptación es resonante y testimonia una vez más el carácter contundente de la garra Barillet/ Grédy.

Hombre de letras y de teatro, también se ha destacado por sus ensayos sobre el teatro, pienso en particular en los Señores de la Risa, un libro de referencia sobre Robert de Flers, Gaston Arman de Caillavet y Francis de Croisset; Cuatro años sin descanso que relata la vida teatral en París durante la ocupación alemana, y finalmente A la ciudad como al escenario, crónica de la vida teatral de 1944 a 1990, donde se mezclan los recuerdos personales, los de vuestros encuentros, vuestras amistades, vuestra vida, para el deleite de aquellos que querían descubrir el misterio de su legendaria discreción.

Considerando con sabiduría que el dramaturgo debe ser un testigo activo de su época y de su sociedad para hacerse un reflejo de ella, usted ha llorado la escritura de piezas, sin por ello perder de vista el teatro como lo demuestra su reciente colaboración con Elisabeth Badinter para una adaptación teatral del Infante de Parma, para volverse hacia la novela, con Un genio, este pequeño y su colección de noticias Hollywood Solitude. En ella encontramos esa sabiduría y esa humildad que sirven a una sagacidad que no deja indiferente a nadie.

Soplos de optimismo y humanismo bajo un disfraz de humor y de un espíritu tan agudo como profundo, desopilante y curador, hacen de usted y de Jean-Pierre Grédy maestros de la sátira y de la risa; Sus obras figuran sin duda entre los mejores momentos del teatro francés.

Estimado Pierre Barillet, es una gran alegría para mí, en nombre del Presidente de la República y en virtud de los poderes que nos han sido conferidos, entregarle las insignias de caballero en el orden de la Legión de Honor.