Aprendo con viva emoción la desaparición de Augustin Girard. Era uno de esos grandes servidores del Estado cuya vida y destino se identifican con su misión al servicio del interés general.

Aprendo con viva emoción la desaparición de Augustin Girard. Era uno de esos grandes servidores del Estado cuya vida y destino se identifican con su misión al servicio del interés general.

Junto a André Malraux, este antiguo agregado de inglés es el primero en comprender la importancia de las herramientas de análisis de la vida cultural para guiar la acción del ministerio.

En el seno del Servicio de Estudios e Investigaciones, al que se había dedicado desde 1963, se realizaron los primeros trabajos sobre las prácticas culturales de los franceses, los presupuestos culturales de las colectividades territoriales, las políticas culturales internacionales o, más recientemente, la evaluación de la eficacia de las políticas públicas en el ámbito de la cultura. Había lanzado muy pronto a sus colaboradores sobre las pistas prometedoras de la diversidad cultural y de las nuevas tecnologías.

Nos deja en este quincuagésimo año de existencia del Ministerio de Cultura, aniversario al que se asoció activamente el Comité de Historia, que él había creado y presidido. Para Augustin Girard, no había
de proyecto sin memoria. Nos deja con la discreción que lo ha caracterizado toda su vida, pero también, seguramente, con la sonrisa de quien deja tras de sí numerosos y talentosos continuadores.