Una gran figura de las letras europeas, un gran actor de la historia acaba de dejarnos.

Dramaturgo totalmente comprometido en su arte como en la vida de la ciudad, Vaclav Havel, a pesar de todos los obstáculos, había logrado en los primeros años del comunismo checoslovaco hacer actuar sus obras. En 1968, la Primavera de Praga será para él la verdadera prueba de fuego. Al escribir una carta abierta al presidente Husak y luego redactar con el filósofo Jan Patocka la Carta 77 para la defensa de los derechos humanos, Vaclav Havel se convierte realmente en el hombre para el régimen comunista al que hay que hacer callar. Pasará unos cinco años en prisión, pero no se callará.

La Revolución de Terciopelo de 1989, de la que Vaclav Havel fue una de las principales figuras, aportará la prueba evidente de que su lucha no fue en vano. El escritor perseguido, el resistente, el prisionero será elegido Presidente de la República de un país finalmente libre.

Desde hace varios años, Vaclav Havel luchaba contra la enfermedad y la muerte con el coraje que ya conocían sus compañeros de combate. Hombre de letras y estadista, artista y hombre de acción, sabía que las palabras pueden ser armas. También había sabido llegar hasta el final de sus compromisos y arriesgar su libertad personal para defender la libertad de todos. Fue, seguirá siendo un ejemplo y una fuente de inspiración para los europeos de hoy y de mañana.