Sociétaire de la Comédie-Française, donde se destacó durante veinte años en los más grandes papeles del repertorio, Michel Duchaussoy se había impuesto también al cine como uno de los más brillantes actores de su generación.

Los cinéfilos lo habían descubierto a finales de los años sesenta, en el universo muy original, potente y profundamente cautivador de Alain Jessua y de su película Juego de matanza. Michel Duchaussoy se convirtió después en uno de los actores fetiches de Claude Chabrol. Lo encontraremos así en La mujer infiel, Que la bestia muere, La Ruptura, Justo antes del anochecer, Nada, y, mucho más tarde, en La dama de honor. Entre los grandes realizadores que han querido asociarse a su talento tan raro, se encuentran también Yves Robert, Paul Vecchiali, Bertrand Tavernier, Louis Malle o incluso Alain Corneau.

Estos grandes éxitos ante la cámara nunca alejaron a Michel Duchaussoy de sus primeros amores para la escena. Una fidelidad recompensada por tres Molières, la última por su inolvidable actuación en Fedradirigida por Patrice Chéreau.

Michel Duchaussoy dejará el recuerdo de un actor cuya sutileza y gran seducción servían de maravilla a su incomparable juego, testigo de los movimientos más complejos del alma y del corazón.