Con Jean Dutourd, desaparece un defensor ardiente e inspirado en las letras francesas. Con su mordaz pluma de escritor desde 1946, como con la punta de su espada de académico desde 1978, este brillante estilista defendía la lengua francesa de los ataques exteriores con el mismo vigor que, gran Resistente, había defendido París y su patria.

Autor del Complejo de César, precio Stendhal, deUna cabeza de perro, precio Courteline o deAl Buen Mantequillafirmando crónicas satíricas y traducciones literarias, había encontrado en RTL una tribuna a la medida de su talento: «Les Grosse tête», de la que era patriarca, que habrá animado con su humor, de su cultura y sus diatribas fulminantes hasta los años 2000.

Lo amábamos por esta mezcla detonante de sensibilidad y rudeza, de pesimismo y optimismo, de iconoclasmo y de compromiso, siempre al servicio de la lengua. Encarnaba a su manera «el espíritu francés», ese territorio familiar donde Balzac nunca está lejos de Chabrol.