Un gran nombre del cómic, el padre de Alix, acaba de dejarnos. Jacques Martin, el creador del joven romano cuyas aventuras hicieron soñar a jóvenes y a no tan jóvenes, era un dibujante cuya potencia se complementaba con un sentido del relato fuera de lo común.

También permanecerá como el inventor de un género: el cómic histórico.
Gracias a él, generaciones han aprendido a amar la historia y a sumergirse en ella: la
Roma de César con Alix, la Guerra de los Cien Años con Jhen, el I Imperio
con Arno, pero también la actualidad con las trepidantes investigaciones del periodista
Guy Lefranc, una especie de Alix del siglo XX. Con un raro sentido de compartir y
el intercambio, sabía conjugar sus talentos con los de otros dibujantes
reconocidos, de los que se hacía entonces el guionista.
Este gran amante de la historia había entrado hace mucho tiempo en la del
noveno arte, junto a las grandes figuras de la Escuela de Bruselas,
maestros de la línea clara, Edgar P. Jacobs y, por supuesto, Hergé. Él habrá dado
vida a maravillosos héroes, que durante mucho tiempo no dejarán de cautivarnos.
Para los jóvenes autores y dibujantes que se lanzan a lo exigente
carrera de cómics, Jacques Martin siempre ha sido un modelo.
Para todos, seguirá siendo un maestro.