Homenaje de Frédéric Mitterrand, ministro de Cultura y Comunicación, a Jean Amadou.

Un hombre de espíritu acaba de dejarnos. Jean Amadou era uno de nuestros mejores comediantes. Era también un notable periodista, un escritor, un cantante, un hombre de radio y televisión que había sabido ganar el favor de los más amplios públicos. Todos los medios, si no todos los medios, le eran buenos para hacer reír y sonreír. Las puntas de su humor podían ser muy vivas: nunca eran crueles.

El autor de tantos textos irresistibles para «el oído en esquina», los «cabezas gordas» o «el tonto show» era de una lucidez temible cuando se trataba de señalar los ridículos de nuestros contemporáneos; no por ello dejó de ser siempre benevolente y fundamentalmente respetuoso de la persona humana. Jean Amadou demostró que se puede hacer reír, sonreír y reflexionar sin herir ni ensuciar: era su gran elegancia.