Homenaje de Frédéric Mitterrand, ministro de Cultura y Comunicación, a Félicien Marceau

Con Félicien Marceau, es una gran personalidad del teatro que nos deja, un escritor brillante y completo, que ha hecho volar la libertad y la insolencia sobre todos los géneros literarios: obras de teatro, novelas, ensayos, cuentos, fábulas, memorias, guiones de películas («Los 7 pecados capitales», «El cuerpo de mi enemigo»).

Hizo su entrada en la literatura en 1942, con dos primeras novelas El cadáver exquisito y El pecado de complicación. Después de una carrera de hombre de radio, logró hacer triunfar el ideal de ligereza sobre lo que llamó «la literatura de las ideas negras». En 1967, su novela Creezy le valió el Premio Goncourt. Con estilo, supo devolver sus cartas de nobleza al humor y cultivar la vena dulce amarga de una sátira implícita, deliberadamente contenida, que hace maravillas en obras como «La bonne sopa» con Jeanne Moreau o «L'oeuf» con Michel Duchaussoy. En 2002, Michel Sardou era «El hombre en cuestión» creado por Bernard Blier, uno de esos personajes no muy recomendables, faltos y conmovedores de los que Félicien Marceau tenía el secreto.

Félicien Marceau sabía establecerse delicadamente en equilibrio entre tradición y modernidad, drama y burla, aparente ligereza y extrema corrosividad. Sobre todo, sabía comunicar su amor por la lengua, un amor contagioso que explica su inmenso éxito ante el público como jurados literarios y academias.

El hombre tenía su parte de sombra, que evoca en Los años cortos, la de las posiciones colaboracionistas de su juventud. Este orfebre de la lengua, miembro de la Academia francesa, lleno de malicia, que podía ser capaz tanto del sarcasmo más virulento como de una lucidez implacable, nos deja una obra rica e irreverente que no nos cansaremos de recorrer.