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LORBLANCHET Michel
La grotte ornée de Pergouset (Saint-Géry, Lot)
Un sanctuaire secret paléolithique
1 La gruta
En febrero de 1964, J.-G. Astruc, C. Brillant, G. y M.-T. Maury, C. Milhas y el abate Terret, todos ellos miembros del Grupo Espeleológico de Quercy, descubrieron la gruta de Pergouset. Ésta, durante diez años fue objeto de un estudio monográfico pluridisciplinar, cuyos resultados se publican aquí.
Abierta sobre las riberas del río Lot, en el término municipal de Saint-Géry (Lot), está formada por un único y muy estrecho conducto de 190m de longitud terminado por una gatera que conduce a un pequeño arroyo subterráneo. La gruta constituye la galería superior y el desagüe de ese arroyo subterráneo. Los sectores decorados con grabados parietales son salas pequeñas en las que una persona puede mantenerse sentada. La parte profunda es más amplia.
Una serie de dieciséis sondeos permitió estudiar el relleno de la cavidad. Los sedimentos, depositados por la corriente subterránea y por el Lot, son principalmente arcillo-limosos, a menudo con finas laminaciones. Su espesor alcanza varios metros en la entrada y oscilan entre 1 y 2.50m en las galerías profundas, en las que se localizan los grabados.
La cavidad se inunda regularmente en invierno por las crecidas del Lot; lo mismo ocurrió en tiempos remotos, incluso en el Paleolítico.
Completados con limpiezas de las partes bajas de las paredes cubiertas por limos de inundación, los sondeos no sacaron a la luz grabado parietal alguno que hubiera sido tapado por el relleno.
En la zona de entrada, los sondeos pusieron de relieve la importancia de la ocupación medieval, relacionada con una explotación de los recursos ribereños (pesquería). Ningún nivel paleolítico ha sido descubierto.
Algunos diminutos carbones recuperados durante las excavaciones en las zonas decoradas con grabados (sala II) son de época reciente, probablemente medieval. Puede que hayan sido introducidos allí por las aguas del Lot, con ocasión de una crecida excepcional. Las zonas interiores, exploradas con otros sondeos, se han revelado arqueológicamente estériles.
El único índice posible de una presencia paleolítica se descubrió en la sala IV al pie de la pared decorada. Se trata de un carbón de madera recubierto por cinco centímetros de limo que se hallaba en una cornisa rocosa. Se dato en 32850 años ± 520 BP (Gif A 96675), pero no parece tener relación con los grabados, cuyo conjunto es muy probablemente magdaleniense.
Durante la realización de los grabados, la frecuencia de entrada en la gruta debió de ser discreta y poco prolongada, puesto que ningún vestigio ha sido descubierto en los sedimentos, pese a una búsqueda sistemática, incluso con estudios microscópicos.
Los estudios geológico (J.-G. Astruc), sedimentológico (C. Ferrier), polínico (F. Diot), antracológico (J.-L. Vernet) e ictiológico (O. Le Gall), así como el estudio antropológico de los restos humanos descubiertos en la entrada (M. Escola) han proporcionado informaciones variadas que complementan los datos de los sondeos y permiten comprender la evolución del sitio, así como su utilización por el hombre a lo largo del tiempo.
Teniendo en cuenta la localización general de los grabados por encima de los niveles de inundación, visibles en los diferentes sectores de la gruta, y apoyándose igualmente en los resultados de los sondeos y demás análisis científicos, el conjunto del trabajo realizado permite afirmar que cuando se hicieron los grabados el suelo de la cueva estaba poco más o menos al nivel en que se encuentra hoy. Casi todos los grabados se sitúan en el emplazamiento y a la altura en los que hoy día los colocaría un grabador.
Por lo tanto podemos considerar como datos reconocidos la antigüedad de la mayoría del relleno, su estabilidad y su esterilidad arqueológica. Incluso aún cuando aceptemos la existencia de un depósito de algunos centímetros de espesor en diversos sectores de la galería, queda establecida la permanencia topográfica de los lugares.
Ahora es posible afirmar que la gruta de Pergouset fue, ya desde el Paleolítico, una cavidad estrecha, poco más o menos como lo es hoy, que encerraba un santuario de difícil acceso.
2 Los motivos parietales
Se han censado y levantado cartograficamente 153 motivos parietales en gran mayoría grabados y excepcionalmente, pintados. La parte profunda de la cueva contiene motivos esquemáticos e indeterminados así como la excepcional serie de una docena de monstruos de muy original carácter. En la parte mediana y hacia el principio del santuario, las figuras van volviéndose cada vez más precisas y detalladas: algunos motivos, tales como una cierva, un bisonte o el íbice del primer panel se encuentran entre las figuraciones más realistas del arte cuaternario.
La originalidad de Pergouset radica también en la presencia de figuraciones sexuales: un hombre acéfalo, claramente sexuado, y tres vulvas que se reparten a lo largo de la galería.
Este conjunto, dominado por caballos, íbices y renos, puede atribuirse razonablemente al magdaleniense medio o superior por sus asociaciones temáticas y una serie convergente de convenciones gráficas (precisión anatómica, separación de planos, representación del pelaje, crìnera hirsuta, animación de las siluetas, etc.); los signos geométricos (angulares, en zigzag, reticulados, en cometa...) militan igualmente por el Magdaleniense; sin embargo, no existe posibilidad de verificación alguna por medio del radiocarbono.
Pergouset se clasifica entre las cuevas paleolíticas europeas y entre las (más bien ricas) grutas del Quercy que pertenecen a un segundo grupo regional hace tiempo bautizado « grupo de Santa Eulalia-Murat » y datados en el Magdaleniense medio y superior.
3 Un santuario secreto
El estudio pluridisciplinar ha demostrado que Pergouset representa un verdadero arquetipo de lo que debe denominarse « santuario secreto », reservado a uno o dos oficiantes o a sólo algunos « iniciados », bien diferente de los grandes santuarios públicos, y cuyo ejemplo típico regional es él de Pech-Merle con razón bautizado « gruta-templo » por A. Lemozi.
Algunos aspectos de la tecnología de los trazados lineales y, sobre todo la repartición dinámica de los temas, subrayan la homogeneidad del dispositivo parietal de Pergouset y la existencia de un verdadero escenario desarrollado en las profundidades de la galería: las figuraciones se van haciendo cada vez más numerosas y más realistas desde el fondo hasta el comienzo del santuario.
Las tres vulvas feminizan el universo subterráneo circundante. Los grabados animan la gruta de una manera espectacular, pareciendo surgir de los relieves rocosos. Las observaciones realizadas durante este largo trabajo sugieren que la cueva misma jugaba un importante papel simbólico, relacionado con la aparición de la vida en el seno de la Tierra; es decir, con una mitología del origen del mundo.
